El 8 de Diciembre de 1991, los altos dirigentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania firmaron el Acuerdo de la creación de la Comunidad de los Estados Independientes (CEI).

El 8 de Diciembre de 1991, los presidentes de Rusia y Ucrania, Borís Yeltsin y Leonid Kravchuk, así como, el representante del Sóviet Supremo de Bielorrusia, Stanislav Shushkévich, firmaron en la residencia del Gobierno soviético, ubicada en la reserva natural Belavézhskaya Puscha, un acuerdo mediante el cuál la URSS dejaba de existir anunciándose la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

En esencia, el Tratado de Belavezhael estipulaba que los países firmantes no podían aplicar las normas de terceros países, incluidas las de la URSS, y por tanto, las actividades de los órganos del poder estatal de la Unión Soviética se consideraron nulos.

Los tres representantes de esas repúblicas, expresaron entonces que decidieron crear la CEI, ya que según ellos, se habían percatado «de la responsabilidad ante sus pueblos y la comunidad internacional y de la necesidad de llevar a cabo las reformas políticas y económicas», aseguraron.

Según las partes firmantes, se estableció el compromiso en «desarrollar una cooperación equitativa y mutuamente ventajosa de sus pueblos y Estados en los ámbitos de la política, economía, cultura, educación, salud, medio ambiente, ciencia, comercio, esfera humanitaria y otras, contribuir al amplio intercambio de información».

Haciéndose eco del apego a los principios y compromisos internacionales en el marco de documentos como la Carta de la ONU o el Acta Final de Helsinki, el acuerdo entre estos dirigentes de las tres repúblicas soviéticas mencionadas, consideró la «inviolabilidad de las fronteras existentes en el marco de la Comunidad y las garantías de su apertura y libertad de movimiento de los ciudadanos».

En relación a cuestiones militares, las partes indicaron en el documento, «garantizar la paz y seguridad internacional, realizar las medidas eficaces para reducir las armas y los gastos de defensa», en torno a ello, declararon su disposición «a conservar y mantener bajo un mando común un espacio militar-estratégico, incluyendo el control de armas nucleares», así como, «garantizar conjuntamente las condiciones necesarias de alojamiento, funcionamiento, mantenimiento material y social de las fuerzas armadas estratégicas».

Entre las bases del acuerdo, se subscribió la intención de cooperar a través de instituciones comunes, temas como: la coordinación de las actividades de la política exterior, la cooperación para formar un espacio común económico, política aduanera, desarrollo de los sistemas de comunicaciones y transporte, protección del medio ambiente, y lucha contra la delincuencia.

De igual manera, mediante la firma del Tratado, Rusia, Ucrania y Bielorrusia, dejaban las puertas abiertas para que a él se unieran todas las repúblicas de la URSS, así como a «otros países que compartan los objetivos y principios de este documento».

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Una estocada traicionera mortal a la URSS.

A la firma del Tratado de Belavezha, le precedieron varios acontecimientos políticos que ocurrieron en la Unión Soviética, desde mediados de la década de 1980, específicamente, desde la llegada de Mijail Gorbachov y su equipo de gobierno, a la presidencia del primer Estado socialista en la historia de la humanidad.

La política seguida por el Partido Comunista de la URSS en torno a los cambios económicos establecidos por las reformas impulsadas por la Perestroika y la Glasnot, aumentaron las discrepancias entre el poder central, y las fuerzas nacionalistas que en las sucesivas repúblicas soviéticas habían adquirido gran auge, y aspiraban a la independencia de la Unión Soviética.

En ese sentido, hacia 1990, todas las repúblicas de la Unión aprobaron en sus parlamentos declaraciones de soberanía nacional, estableciendo una supremacía de sus leyes por encima de las de la URSS.

Sequidamente, el equipo de gobierno de Gorbachov impulsó la realización un referéndum, el 17 de Marzo de 1991, con el propósito de frenar las ansias separatistas, y de esa forma mantener el estado de la Unión.

En el referéndum, a los ciudadanos de la URSS se les requirió contestar a la siguiente pregunta: «¿Usted considera necesaria la conservación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como una federación renovada de repúblicas soberanas iguales en la que serán garantizados plenamente los derechos y la libertad de un individuo de cualquier nacionalidad?».

Como resultado de la consulta, un 77 % de los ciuadanos soviéticos con derecho al voto, votaron a favor de conservación de su Patria socialista, solo el 22% votó en contra de su permanencia.

Los resultados del referéndum dieron pié al establecimiento de un grupo de trabajo, delegado por las autoridades centrales, y las de las repúblicas, en el marco del llamado proceso de «Nueva Organización del Estado», que elaboró hacia el verano de 1991, un proyecto de ley para contraer un nuevo acuerdo «De la Unión de Repúblicas Soberanas», para ser firmado el 20 de Agosto de ese año.

Sin embargo, una fallida intentona de tomar el poder, por parte del ala conservadora del PCUS, entre los días 19 y 21 de Agosto de 1991, cerró las puertas a ese proceso de negociación del nuevo estado de la Unión, lo cuál provocó, a su vez, la destrucción del sistema estatal soviético, cuando entre los días 20 y 27 de Octubre siguientes, las autoridades separatistas que habían alcanzado el poder en 11 de las 15 repúblicas soviéticas, adoptaron la decisión unilateral de independizarse de la Unión Soviética.

El 1 de diciembre de 1991 más de 90% de la población de Ucrania se expresó a favor de la independencia de su país y el 5 de diciembre, el entonces presidente de Ucrania, Leonid Kravchuk, declaró que el país renunciaba al tratado de 1922 sobre la creación de la URSS.

Mijaíl Gorbachov, entonces presidente de la Unión Soviética, calificó la firma del tratado de Belavezha, como actos anticonstitucionales, una acusación de destruir la URSS que fue negada por los participantes del acuerdo.

El 10 de Diciembre de 1991, el acuerdo firmado entre los tres dirigentes políticos de las repúblicas con mayor extensión territoral de la URSS, fue ratificado por los Soviéts Supremos de Ucrania y Bielorrusia, y el 12 de Diciembre, lo hizo el Consejo Supremo de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR).

Acto seguido, el 21 de Diciembre de 1991, en Almatý, Kazajistán, los líderes nacionalistas de 11 de las 15 repúblicas soviéticas ,excepto Lituania, Letonia, Estonia y Georgia, firmaron un protocolo del acuerdo de la creación de la CEI del 8 de Diciembre, según el cuál, Azerbaiyán, Armenia, Moldavia, Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán, se adhieren a la Comunidad de los Estados Independientes, en calidad de igualdad, como sus fundadores.

Para el 25 de Diciembre del mismo año, Mijail Gorbachov, en trasmisión televisada a todo el país, anunciaba su renuncia a los cargos de presidente de la república soviética, dejaba al Partido Comunista a su suerte, otorgaba la última estocada traicionera a la Unión Soviética, tán solo a 5 días de conmemorarse un aniversario más de su creación.

«Creo que yo tengo la responsabilidad, nadie me despidió, yo mismo me fui, no pude lidiar con ellos», Mijail Gorbachov.

Sin embargo, en una reciente entrevista, Serguéi Shajrái, el consejero jurídico de Yeltsin, manifestó a la prensa rusa que la firma del acuerdo en sí mismo solo registró el colapso de la Unión Soviética, pero no fue su razón principal, ya que en el momento de la firma 13 repúblicas soviéticas ya declararon su salida de la URSS, argumentó.

Según él, «la razón principal de esto fue el rápido colapso del Partido Comunista de la Unión Soviética, que terminó ya el 1 de Octubre» de 1991.

«Este proceso fue iniciado por Gorbachov, quien renunció a su puesto de secretario general y ofreció a ‘todos los comunistas honestos’ dejar el partido. Por iniciativa suya, a finales de agosto, el Consejo Supremo de la URSS suspendió las actividades de las estructuras del Partido Comunista en todo el país», enfatizó Shajrái.

No obstante, desde Telegram, el senador ruso, Alexei Pushkov, respondió a las palabras emitidas por el asesor del ex-mandatario ruso, al asegurar en una publicación que «la declaración de Shakhrai, que intenta quitar la responsabilidad de la disolución de la URSS de Yeltsin y los reformadores, contradice demasiados hechos para ser tomados en serio», manifestó el político, a la vez que indicó que esas palabras no podrán cambiar «el punto de vista establecido en la conciencia pública« sobre ese tema.

Actualmente, alrededor de un 60% de la población rusa lamenta la disolución de la URSS, y en diversas encuestas han manifestado su apoyo a una posible restauración de la misma.

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19740cookie-checkEl Tratado de Belavezha, relato de una actitud desleal

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