Si no fuera por el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia, quizás en China no hubiera aparecido el Partido Comunista en el escenario político de la nación, una organización que ha gobernado el país asiático durante más de 70 años.

A principios del siglo XX, la situación política, económica y social de China, al igual que en muchos otros países, se desarrolló de manera turbulenta, aunque n 1911, la Revolución Xinhai sacudió el imperio de la nación asiática, dando paso al nacimiento de una república, lo cierto es que el nuevo gobierno de los nacionalistas chinos no pudo unificar al país hacia la adopción de una política de desarrollo en común en ninguna de sus formas.

En ese sentido, luego de aquella revolución de caracter burgués, en China tuvo un predominio histórico la denominada «era de los militaristas», caracterizada por el caos y el desorden en la nación, una realidad que cambiaría con el paso del tiempo, luego del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre de 1917 en Rusia, cuya noticia inspiró a millones de jóvenes chinos que estaban ansiosos por aprender más sobre el socialismo y la igualdad universal de derechos y deberes para los ciudadanos.

En las grandes ciudades chinas, aparecieron círculos de jóvenes marxistas entusiastas, que, guiados por los asesores de la ‘Internacional Comunista’ ayudaron a organizar una red informal de agitación política en el mayor país del continente asiático. En mayo de 1919, hubo manifestaciones en Pekín conocidas como el ‘Movimiento del Cuatro de Mayo’.

El primer grupo del Komintern (Internacional Comunista) llegó a China a principios de 1920, y un año y medio después se celebró en la ciudad de Shanghai el primer congreso del Partido Comunista chino, de forma ilegal. En el período de las tres décadas subsiguientes, se desató en China una enérgica lucha por el poder entre los comunistas chinos, encabezados por su líder histórico, Mao Zedong, y los nacionalistas del Kuomintang.

Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, la amenaza imperialista externa, particularmente de los invasores japoneses, la victoria del PCCh en 1949 condujo a la creación de la República Popular China y el establecimiento del segundo Estado socialista de Asia, después de Vietnam en 1945.

Si no fuera por el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia, quizás en China no hubiera aparecido el Partido Comunista en el escenario político de la nación, una organización que ha gobernado el país asiático durante más de 70 años.

Sí se analiza en lo profundo el contexto en que se desarrollaron los acontecimientos históricos a finales del siglo XX, podemos llegar a la conclusión, de que, sí no hubiera sido por la desintegración de la URSS, la República Popular China probablemente no habría celebrado este 2021 el centenario de su Partido Comunista y el alcance de sus objetivos económicos que la ha apuntalado como una pujante potencia a nivel global.

En lo concreto, para los comunistas chinos, los comunistas soviéticos se convirtieron tanto en un hermano mayor, cuyos aciertos representan un ejemplo a seguir, pero al mismo tiempo, su ideario revisionista era calificado como traicionero para la causa socialista mundial.

El llamado «colapso’ de la Unión Soviética, fue seguido muy de cerca por las autoridades chinas en Pekín, y por ende, se sacaron las conclusiones correspondientes. de ahí que podemos preguntarnos: cómo el colapso de la Unión ayudó al Partido Comunista de China vivir cien años, y de esos 70 en el poder?.

Hay que destacar, que desde su nacimiento el Partido Comunista de China sobrevivió en gran parte gracias a la ayuda de la URSS, sin embargo, después de la muerte del líder soviético Joseph Stalin, las relaciones entre ambos vecinos se deterioraron. Mao Zedong acusó de manera directa a la dirección soviética de revisionismo y en ese sentido, se abocó a lanzar varias campañas políticas dentro de China para contrarrestar esas ideas de diversionismo ideológico dentro de la sociedad.

A la política del ‘Gran Salto Adelante’ y la «Revolución cultural», como forma de afianzar los fundamentos en la construcción del socialismo en su forma de interpretar la ortodoxia marxista, ese empueje ideológico llegó a su fin solo con la muerte de Mao en 1976.

A partir de entonces, una segunda generación de líderes comunistas chinos llegó al poder en el gigante asiático, encabezada por el nuevo secretario general del partido y líder de la reestructuración reformista y aperturista hacia la economía de mercado con orientación socialista de China, Deng Xiaoping. No obstante, el preceso de cambios no estuvo exento de disputas que estallaron entre partidarios del liberalismo y el conservadurismo dentro del PCCh.

En el marco de la visita que llevó a cabo Mijail Gorbachov, en 1989, siendo presidente de la Unión Soviética, luego del fortalecimiento de las relaciones entre los dos países socialistas a fines de la década de 1980, una multitud de jóvenes chinos que estaban interesados ​​en la política de la Perestroika, y los experimentos económicos impusados por las autoridades reformistas de la república china, llevaron protestas en las calles del país, a favor de la intensificación de los cambios.

La manifestación más difundida en ese año por los medios de prensa internacionales fue la ‘huelga de brazos caídos’ en Tiananmen, la plaza principal del país donde se ubica una fotografía enorme de Mao. La protesta no fue autorizada por el gobierno chino que utilizó todos sus recursos para desmontarla. En ese momento, nadie podía imaginar que en año y medio después la URSS dejaría de existir.

Para el Partido Comunista de China, la crisis de Tiananmen y el colapso de los comunistas soviéticos, con su malestar social y el creciente desfile de nacionalismos en las diversas repúblicas de la URSS reclamando soberanía, fueron detonantes que se convirtieron en una lección importante que predeterminó en gran medida el futuro desarrollo del PCCh al frente de la mayor nación de Asia.

Ante los hechos, las autoridades en pekín reaccionaron oficialmente con moderación con respecto a los acontecimientos de 1991 en la URSS, para la élite política y los científicos chinos la conclusión inequívoca era solo una: la perestroika condujo a una catástrofe sin precedentes en el primer estado socialista en la historia de la humanidad.

A menudo, Mijail Gorbachov es considerado por la mayoría de la gente como el principal, aunque no el único, culpable del colapso de la URSS y del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), así lo afirma para Ria Novosti, Ivan Zuenko, investigador del Centro de Estudios Asia-Pacífico del Lejano Rama oriental de la Academia de Ciencias de Rusia.

«Desde hace treinta años, los chinos han estado estudiando y analizando escrupulosamente la desintegración de una gran potencia, principalmente para prevenir tal escenario en su tierra natal. Argumentan cuál fue la causa primaria del desastre. La crisis del partido gobernante fue generada por el declive socioeconómico general de la URSS, o la degradación del PCUS, que abandonó su lealtad al marxismo, resultó en la transformación de todo el sistema socialista y finalmente destruyó el Estado«, explica Zuenko a la agencia de comunicación estatal rusa.

Según el experto, entre los errores fatales que destacan los analistas chinos están «el debilitamiento del PCUS por la separación del partido y la burocracia estatal, la corrupción y el separatismo en la periferia. Los científicos notan la falta de voluntad de Mijail Gorbachov para copiar el «modelo chino». «Lanzando la Perestroika, pudo haberse aprovechado de una experiencia útil, pero deliberadamente ignoró a China”, enfatiza el investigador ruso.

Andrei Karneev, director de la Escuela de Estudios Orientales de la Facultad de Economía Mundial y Asuntos Internacionales de la Escuela Superior de Economía. Ciencias económicas, remarcó por su parte, que a fines de la primera década del siglo XXI, «la República Popular China, sin embargo, enfrentó problemas similares: sobornos generalizados, empresas estatales ineficaces, una crisis ideológica y sentimientos separatistas».

No obstante, asegura el experto, en vísperas de la llegada al poder en China de Xi Jinping en 2012, las autoridades han vuelto a debatir sobre el futuro del desarrollo económico del país. «Las opiniones no coincidían principalmente sobre hacia dónde ir. O por el camino de los países desarrollados occidentales, o, por el contrario, hacia los valores de izquierda. Esto llevó casi a una polémica abierta, había una sensación de un barco de balanceo», detalló Karneev.

Xi Jinping se basó en la experiencia soviética al efectuar sus primeros discursos como presidente de la República Popular China, enfatizando que: cuando la URSS se estaba desmoronando, «nadie salió en su defensa», y argumentó como una razón posible, la impopularidad de la última élite soviética al frente del Estado socialista, un hecho que para el secretario general del PCCh, debe tomarse como una lección importante, según sus palabras: «el Partido Comunista de China no debe permitir que esto suceda».

«Xi vino con la misión de prevenir este proceso. En la República Popular China, también creían que el país estaba perdiendo los valores y principios del PCCh, estaban siendo reemplazados por el materialismo, el hedonismo, el deseo de ganar más en el menor tiempo posible, tanto en los pueblos como en las regiones», señala Karneev.

Según señala el experto ruso, como conclusión, en los últimos años, la República Popular China se ha vuelto hacia los valores comunistas, argumentando que en todas partes hay carteles rojos con los lemas «No te olvides de los principios originales», «Recuerda los genes rojos».

Los periódicos informan periódicamente sobre las visitas de inspección de Xi Jinping y otros líderes a regiones difíciles. El jefe de Estado incluso llevó a todos los miembros del Politburó al museo del primer congreso del Partido Comunista de China, donde repitieron el juramento que hicieron al unirse al partido.

Karneev indicó a Ria Novosti, que de lo que se trata es de adoptar «todo un sistema de medidas destinadas a restaurar la confianza de las masas», al mismo tiempo, destaca el analista, «existe una tendencia hacia una combinación de heroísmo, que está imbuido de la historia del PCCh y la herencia de la antigüedad china. Según la moral confuciana, solo quien sabe qué es la moral tiene derecho a gobernar. Por lo tanto, el actual Partido Comunista, aunque no quiera volver a las ideas comunistas más brillantes del siglo pasado, se aferra firmemente a las ‘raíces rojas’, apuntó.

Para la República Popular China, el colapso de la Unión soviética es una lección importante, y la política de la Perestroika es una especie de colección de «malos consejos». Sin embargo, los analistas coinciden en señalar, que no se puede decir que la experiencia soviética que terminó con su fracaso sea la principal causa que influyó en el curso actual del PCCh. Hasta cierto punto, este es un ejemplo de cómo no se deben llevar a cabo reformas.

69310cookie-checkCómo fue que el Partido Comunista de China aprendió de los errores cometidos por el PCUS en la Unión Soviética?

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