Todavía hay debate científico sobre el verdadero tamaño de esta criatura gigante cuya existencia cayó entre el Jurásico Medio y el Jurásico Superior en los mares que cubrían Europa.

Cuatro enormes aletas, una cola corta y comprimida lateralmente, así como una cabeza muy grande y estrecha con dientes enormes (de unos 30 cm de largo) convirtieron al Liopleurodon en el gobernante indiscutible de todos los mares y océanos de la vida prehistórica en nuestro planeta.

El reptil más grande que jamás haya vivido en el agua fue un Liopleurodon. Todos los demás depredadores prehistóricos marinos simplemente se desvanecieron ante él. Todavía hay debate científico sobre el verdadero tamaño de esta criatura gigante cuya existencia cayó entre el Jurásico Medio y el Jurásico Superior en los mares que cubrían Europa.

La evidencia encontrada por los científicos nos hace creer que los depredadores prehistóricos realmente existieron. Los científicos creen que éste era un depredador carnívoro, capaz de matar y comer todo tipo de criaturas marinas. Probablemente tenía un buen sentido del olfato y podía escanear el agua con sus fosas nasales para determinar la ubicación de cierto olor.

No era un dinosaurio, aunque coexistió con muchos dinosaurios. El primer fósil de Liopleurodon fue descubierto y nombrado en 1873 a partir de solo tres dientes encontrados en Francia. Cada diente se encontró en un lugar diferente, y a cada uno se le asignó su propia especie, aunque solo dos especies (L. ferox y L. pachydeirus) son válidas en la actualidad. Se han encontrado fósiles del género en toda Europa occidental.

Esta criatura prehistórica se representa con frecuencia con dientes que sobresalen en la parte delantera de la boca, de donde deriva su nombre que significa «dientes de lados lisos». Las representaciones artísticas a veces enfatizan el enorme tamaño de Liopleurodon, con diversas interpretaciones en cuanto a la longitud de su cuello.

Inicialmente se creía que alcanzaba longitudes máximas de 23,25 metros (44,234 pies), las marcas de dientes fosilizados que se creía que provenían del Liopleurodon en ese momento sugirieron que podría alcanzar tamaños de 25 metros (82 pies), más que muchas ballenas modernas. En verdad, el género probablemente tenía cerca de solo 20 pies de largo y tenía un cuello muy corto para un plesiosaurio.

Con un cráneo y mandíbulas que ocupaban una quinta parte de la longitud total del animal, tenía una poderosa mordida. Los dientes de veinte centímetros enterrados profundamente en las mandíbulas refuerzan aún más esta idea.

El Liopleurodon tenía una disposición de extremidades típica de pliosaurio y, aunque no es tan eficiente como un diseño ictio, esta disposición de cuatro aletas proporciona una excelente aceleración.

Las fosas nasales son muy interesantes porque la disposición sugiere un sentido del olfato direccional. Esto permitiría a Liopleurodon encontrar a su presa mientras aún está fuera del alcance visual, tal vez incluso sintiendo la sangre de muertes recientes de otros depredadores como los tiburones pueden hacer hoy.

Las estimaciones de tamaño de Liopleurodon han estado cambiando durante todo el tiempo que sabemos que existe. Una cosa que está clara es que nunca fue el gigante de veinticinco metros que se mostró en la serie documental de la BBC Walking with Dinosaurs.

El ejemplar más completo (perteneciente a la especie L.ferox) se estimó en seiscientos treinta y nueve centímetros de largo, con un cráneo de ciento veintiséis centímetros de largo. El análisis de todos los especímenes sugiere que el Liopleurodon adulto oscilaría entre cinco y siete metros de largo.

Las estimaciones actuales ubican a Liopleurodon en un tamaño mucho más pequeño de 7,6 metros (25 pies, sin embargo, los más grandes medían un poco más de 10 metros. Fue un depredador ápice durante el Jurásico medio y tardío.

Sin embargo, un cráneo de pliosaurio de poco más de un metro y medio de largo fue atribuido a Liopleurodon en 2013 en un estudio de Benson et al. Siguiendo el principio de que el cráneo de un pliosaurio ocupa aproximadamente una quinta parte del cuerpo total, entonces este individuo Liopleurodon puede haber medido un poco más de siete metros y medio de largo.

El Tiranosaurio rex veía objetos a una distancia de hasta 6 kilómetros contrario a lo que nos contó Jurassic Park.

Seguamente recuerdas una de las representaciones del Tiranosaurio Rex en una de las películas emblemáticas de la serie Jurassic Park, de que éste solo podía ver objetos en movimiento, pero ese es solo un concepto falso, ya que, de hecho, la vista de T-Rex era una de las mejores entre los animales en general.

Un rango binocular más grande significa una mejor percepción de la profundidad y una mejor capacidad para ver objetos, incluso los estacionarios. El dinosaurio tenía una visión 13 veces más nítida que la de un humano.

Por ejemplo, La vista del águila es 3,6 veces mejor que la de un ser humano. T-Rex podía distinguir objetos a una distancia de hasta 6 kilómetros, mientras que nosotros podemos distinguirlos a tan solo 1,6 kilómetros de largo.

Se argumenta que este nivel de visión apoya la idea de que T-Rex era puramente un cazador y no un depredador. A medida que T-Rex evolucionó, sus ojos se hicieron más grandes, su hocico se hizo más pequeño y sus mejillas se hundieron. La visión se hizo cada vez mejor.

Los científicos del instituto de Investigación de Dinosaurios de la Universidad de la Prefectura de Fukui, en Japón, observaron más de cerca las fauces del T-Rex, y resultó que no era simplemente una enorme bestia carnívora con un gran mordisco; también poseía sensores nerviosos en los mismos puntos de su mandíbula, lo que le permitía localizar y consumir a su presa con mayor eficacia, sostienen.

Los investigadores estudiaron una mandíbula fosilizada de un Tiranosaurio rex encuentrada en la actual Montana. Usando tomografías computarizadas, visualizaron la estructura interna de la mandíbula. Luego lo compararon con el interior de las mandíbulas de cocodrilos, pájaros y otros dinosaurios como Triceratops para comprender mejor la estructura de la imagen.

El primer autor del artículo, el doctor en ciencias Soichiro Kawabe, afirmó que los hallazgos del equipo revelaron que los nervios de la mandíbula (región de la mandíbula) del T-Rex están más dispersos que los de cualquier otro dinosaurio examinado hasta ahora. Son algo equivalentes a los de los cocodrilos modernos y las aves de alimentación táctil, que tienen sentidos muy agudos.

Esto sugiere que T. Rex era sensible a cambios menores en la sustancia y el movimiento, lo que implica que podía distinguir varias porciones de su presa y consumirlas de manera diferente según el escenario. La sensibilidad del hocico del tiranosaurio puede no haber sido tan alta como la de los cocodrilos porque, a diferencia de los cocodrilos actuales, el hocico del tiranosaurio carecía del tejido neural denso que llena el canal neurovascular, señala el experto.

Para Kawabe, estos nuevos hallazgos alteran nuestra percepción del voraz animal, ya que explica, el T-Rex no tenía mandíbulas callosas que pudieran morder a cualquier cosa o persona. En cambio, las mandíbulas del dinosaurio estaban provistas de nervios, lo que le permitía localizar y devorar a su presa con mayor eficacia. Como resultado, T-Rrex era un depredador mucho más peligroso de lo que se imaginaba, enfatizó.

Por otro lado, si bien la película en cuestión era una obra de ficción, muy bien que nos acercó al mundo de los dinosaurios que representaba. En la escena de Jurassic Park donde el Tiranosaurio rex persigue a un Jeep a toda velocidad y que pudo alcanzarlo por medio de sus enormes zancadas fue otra irrealidad de la que se dotó a la bestia, ya que esa capacidad de velocidad en realidad no fue una de la que les caracterizaba.

Según investigaciones previas, la velocidad máxima estimada de sprint de un T-Rex se situa entre 15 y 25 millas por hora, suficiente para ayudarle a atrapar presas más lentas. Sin embargo, una nueva investigación ha estimado que la velocidad al caminar del T-Rex es tan baja como 2.9 mph.

El estudio, que se publicó en Royal Society Open Science, destaca que la velocidad al caminar del Tiranosaurio rex se puede calcular simulando con precisión el movimiento de su enorme cola. La cola del animal constituía una gran parte de su masa corporal y estaba llena de músculos que lo ayudaban a mantener el equilibrio sobre dos patas, explican los expertos.

Al hacer algunas suposiciones razonables sobre la composición y la musculatura de la cola del Tiranosaurio rex, los investigadores pudieron simular su frecuencia de balanceo y, como resultado, sacar algunas conclusiones bastante sólidas sobre qué tan rápido caminaba la criatura cuando no estaba de prisa en su lugar.

Por medio de simulaciones por computadora para mostrar su trabajo, los investigadores brindan una mirada a cómo probablemente caminó el T-Rex en su hábita normal. La representación lo indica como un paso increíblemente lento e informal, algo que seguramente contradiuce nuestra idea de como podría moverse esta especie de carnívoro mortal, pero, al tomar en cuenta su tamaño del animal, puede llegarse a la conclusión de que el T-Rex quisiera conservar la mayor cantidad de energía posible cuando no necesita ser rápido.

De hecho, 2,9 millas por hora es en realidad más lento de lo que caminan la mayoría de los humanos adultos. Sin embargo, los especialistas ponen de relieve en su trabajo que toda esta idea se basa en suposiciones sobre el animal que no tenemos forma de probar que sean ciertas. Por ejemplo, los músculos y otros tejidos blandos no se convierten en fósiles como los huesos.

137200cookie-checkTodos los depredadores prehistóricos marinos desvanecieron ante el reptil más grande jamás conocido

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