El 25 de Diciembre de 1991, Mijaíl Gorbachov renunciaba a su cargo al frente del mayor Estado socialista en la historia de la humanidad.

Han pasado ya 29 años desde que el 25 de Diciembre de 1991, el entonces presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, se dirigiera a todo el país en trasmisión encadenada de todas las emisoras estatales de radio y televisión para anunciar sus decisión de renuncia inmediata de su cargo al frente del primer, mayor y poderoso Estado socialista en la historia de la humanidad.

Esa acción de Gorbachov produjo diversas reacciones en el pueblo soviético y de todo el mundo, pero, las más pronunciadas se dividieron en dos: al antiguo secretario general del PCUS se le consideró una víctima de los planes secretos que dentro del propio Partido Comunista, un sector liberal, con Boris Yeltsin a la cabeza, había desencadenado poco a poco la disolución del país, y por el otro lado, en no muy pocas latitudes, pero principalmente dentro de los pueblos de la URSS, ha quedado en la conciencia colectiva como el mayor traidor de la historia, a la Unión Soviética, al socialismo, y a la clase trabajadora a nivel internacional.

Muchas son las consideraciones sobre las causas de aquellos fatídicos acontecimientos que en 1991 desembocaron en la desintegración de la URSS y la pérdida de un ideario en común para alcanzar una sociedad más justa y más igualitaria, que desde más de 60 años había sido el contrapeso oportuno a la explotación consumista, en su condición depredadora e inhumana del régimen capitalista a nivel global.

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Sin embargo, muchos analistas coinciden en señalar que, a pesar del estancamiento producido en la élite soviética, dada la avanzada edad de muchos de los líderes en todos los estamentos del Partido, durante y después de la muerte de Breznev, lo cuál a su vez se manifestó duramente en los bajos índices de crecimiento económico, a falta de nuevas iniciativas que dotaran de un nuevo y mayor impulso, lo cierto es que a partir de 1985, con la llegada al poder representativo de Mijaíl Gorbachov y su equipo de gobierno al frente del PCUS, comenzó a manifestarse más claramente la condición «irreversible» del llamado colapso de la URSS.

Téngase en cuenta que los planes de restruccturación económica diseñados en la Perestroika, plataforma insigne del período gorbachiano, en vez de acelerar el crecimiento, por medio de lo que los economistas definieron como una mayor autonomía para las empresas estatales, mayor descentralización, poniéndo énfasis en el papel del mercado, desde una concepción filosófica que emanaba de Occidente, en detrimento de los planes quinquenales supeditados a la planificación, producjo más errores que aciertos, y sus consecuencias repercutieron de manera directa en la mesa de los hogares soviéticos.

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En vez de buscar soluciones en relación con los fundamentos esenciales de la doctrina que fue capaz de condicionar los grandes logros alcanzados durante la industrialización y el período inmediato luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, que convirtieron a la URSS en la segunda superpotencia militar y económica en paridad, e incluso superior en muchos aspectos con EEUU a nivel mundial, los nuevos dirigentes en las riendas del PCUS orientaron el país hacia el modelo económico de mercado que desde Inglaterra y el propio Estados Unidos era suzurrado a los oídos de su secretario general, Gorbachov.

De igual manera, la política de la «transparencia» impulsada por la Glasnot, que tenía en papel buenas intenciones, como parte de un proceso de sacar a luz las barreras u obstáculos que frenaban, dada la enorme estructura burocrática que favorecía fenómenos dañinos como la corrupción dentro del país, fue utilizada para atacar directamente la esencia ideológica de la URSS, y dirigió sus publicaciones, tomando como ejemplo la revista Sputnik, a la base de ese Estado, el pueblo, y en especial a los trabajadores, en aras de preparar la conciencia y acometer los cambios, muchos de ellos elaborados en Occidente, del cambio político, económico y social.

Para la navidad del año 1991, ya se habían sucedido varios escenarios trascendentales en ese plan encubierto de desmantelar el socialismo, y la propia integridad del Estado, como parte de un efecto acción-reacción, el sector más conservador ideológicamente dentro de las estructuras del Partido Comunista, preparó, sin atar bien los cabos, ni tener clara conciencia de sus consecuencias en un momento al que todas luces demostraron debilidad, un traspaso de poder dentro del Gobierno y Estado soviéticos, tratando de hacer a un lado a Gorbachov, lo detuvieron en una casa de descanzo en Crimea, pero dejando libre arbedrío a Boris Yeltsin para hacer y deshacer, actuar y movilizar fuerzas dentro de la capital rusa, evidentemente, en esa situación los tanques no sirvieron de nada.

Ante ese frustrado intento de los comunistas soviéticos de retomar las riendas del poder, vale la pena adjuntar una frase dicha por Fidel Castro, en referencia a la Guerra de las Malvinas, librada entre Argentina y Gran Bretaña a mediados del siglo XX, «en definitiva, esa no es forma de hacer la guerra, las guerras se hacen o no se hacen, y si se hacen hay que llevarlas hasta las últimas consecuencias».

A la frustración del golpe partidista le siguió la consumación de los acuerdos de Belavezha, que traicionando la voluntad del pueblo soviético, que en referéndum nacional realizado en Marzo de ese año, se expresó a favor de conservar su Patria socialista, con más del 70% de aprobación, e incluso pasando por alto el «Tratado para el Nuevo Estado de la Unión» que había sido encaminado por el presidente de la URSS, eliminando toda alusión ideológica al concebir a las repúblicas en lugar de socialistas «soberanas», fue firmado un documento en conjunto por el liderazgo de las repúbliccas de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Kazajastán declarando su independencia y la disolución «oficial» de la URSS, estableciendo en su lugar la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

Ante tales eventos, Mijaíl Gorbachov ha manifestado en varias ocasiones a diferentes medios de prensa nacionales e internacionales que se sintió solo, traicionado, y abandonado por sus antiguos compañeros del Partido, unas palabras difíciles de creer para quiénes consideran fervientemente que el otrora secretario general, quién tuviera en sus manos las riendas del Partido, el Gobierno, el Estado, las Fuerzas Armadas y las numerosas organizaciones de masas conque contaba la Unión Soviética no hubiera hecho nada significativo para detener el propósito marcado de destruir al Estado socialista.

En su discurso de renuncia, Gorbachov reivindicó el referéndum popular, citó los planes de su gobierno para restructurar la URSS, habló de principios ideológicos fomrntados por el capitalismo, como el respeto a los derechos humanos, pluralidad, libertad de expresión y de conciencia, de los cuáles muchos de ellos ni siquiera se cumplen en el propio Occidente, pero omitió mencionar en su mensaje los logros alcanzados durante el período soviético que elevaron a la condición más alta el valor de la clase trabajadora en ese país, como el aceso a una vivienda gratuita, acceso a la educación y a la atención médica sin costo y con calidad, alto grado científico e intelectual, abanderados en la carrera espacial, seguridad social garantizada, maternidad segura por un año con mismo sueldo mensual para las trabajadoras, guarderías gratuitas a lo largo y ancho de la Unión Soviética, hogares de ancianos protegidos por el Estado, vacaciones de verano pagadas, centros de recreo, en fin un ejemplo de bienestar social, que hasta en Europa y el propio EEUU se vieron forzados a emular como ejemplo.

Para sus detractotres, Gorbachov sigue, y seguirá siendo a través del tiempo, una pieza clave, sino principal de los acontecimientos que desmembraron al glorioso Estado socialista de los trabajadores, como parte de la clara amistad, y de la cuál, él mismo no gastó gestos públicos con sus pares occidentales, de ahí emana el plan para destruir a la URSS, indican sus detractores, incluyendo al actual Partido Comunista de Rusia, sucesor del PCUS.

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24470cookie-check29 años de un discurso que mutiló la fuerza de la URSS y del PCUS

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